No pude pegar ojo en toda la noche, no paraba de darle vueltas a lo de las rectas, ¿qué quería decir con las rectas? Todo esto me está volviendo loca, entre las visiones, los sueños raros, mi vecino loco, la desaparición de Paula y el embarazo voy a acabar en un manicomio.
Miralles está super preocupado por todo esto, lleva días si asistir a clase y a este paso la van a caer más de tres seguro y luego para recuperar eso lo va a tener difícil. Pero yo también estoy igual, aunque voy a clase no consigo enterarme de nada, estoy empanada pensando en todo lo que me viene encima...
Al volver a casa me encontré con mi vecino, miró mi bolso del cual sobresalía la punta de mi diario y enseguida se puso a dar voces en un idioma extrañísimo y a santiguarse. Cuando le pregunté qué le pasaba no contestó nada, solo me miró con cara de temor y se fue corriendo a su casa.
Llegué a casa, abrí mi diario y en ese momento todo empezó a darme vueltas, me estaba mareando mucho, cerré los ojos cinco segundos y al abrirlos estaba en una especie de carretera larga que le daba la sensación de conocerla de antes. Era profunda, no se veía su fin, estaba al lado de un barranco y al final del todo podía distinguirse una silueta humana que cada vez se acercaba más y más hasta que puede diferenciar la cara de Paula:
-Sofía, estoy aquí, por favor ayúdame.- Pude oír la voz de Paula que cada vez era más tenue, hasta desaparecer entre la niebla junto a su silueta.
Volví a cerrar los ojos con fuerza, como si quisiera escapara de allí pero sin saber cómo y al abrirlos volví a aparecer en mi casa, con el diario entre mis manos llenas de sudor frío que también recorrían mi frente.
Corriendo subí a mi cuarto, cogí mi móvil y con la mano temblorosa marqué el número de Miralles:
-Miralles, ¿dónde estás?
-Estoy de camino a casa, voy por el barranco, ¿qué quieres?
-No te muevas de ahí, por favor te lo pido.
Colgué, cogí mi coche y corriendo fui al barranco, estaba segura de que la carretera que había visto en la visión era la del barranco, pero cuando me senté en el coche vi una carta en el asiento del copiloto. La cara decía:
Te recuerdo, ten cuidado con las rectas.
Al lado de la carta había otra foto, aparecía Paula cuando era una adolescente en un festival junto a Carlos, los dos iban disfrazados de fantasmas.
Cuándo llegué a la carretera ya estaba anocheciendo y la niebla iba levantándose, cada vez todo se parecía más a mi visión. Pude ver a Miralles un poco más lejos de donde yo estaba, le llamé, pero parecía que no me oía. Me acerqué a él y cuando le di dos toquecitos en la espalda se giró y vi que estaba llorando:
-¿Miralles, qué te pasa?
-Es ella, es ella- dijo con un soplo de voz.
-¿Ella? ¿Quién es ella?
-Paula, se que está aquí, pero no se donde.
Del cielo calló una foto, salía otra vez Paula, pero esta vez ya tenía la edad actual y aparecía igual que en mi visión, al final de la carretera entre la niebla y con rostro asustado. Una ráfaga de viento gélido atravesó nuestra espalda y cuando quise mirar a Miralles no estaba, ¡había desparecido! Estaba muy asustada. Corrí hacia el coche pero tampoco estaba y cuando miré al frente la vi, vi a Paula entre la niebla. Me quedé paralizada, no sabía si correr hacia ella o escapar del miedo.Fui lo más rápido que pude a por Paula para abrazarla, le di el beso más grande del mundo y en ese momento de emoción apareció una última foto en la que aparecía un accidente de coche y seguido de eso escuchamos un grito, un grito estremecedor que decía: Te lo advertí.
De repente, al final del camino aparecieron dos grandes focos que cada vez me cegaban más hasta saber que era un coche que se abalanzaba a toda velocidad hacia nosotras.
Toda mi vida pasó por delante de mis ojos, los buenos recuerdos, los malos y en ese momento me acorde de lo que me dijo Carlos: Lo hice por tu bien. Ya lo entiendo, lo hizo por mi bien porque él sabía que yo me merecía algo mejor, o eso quiero entender.
PD: Os escribo desde mi funeral.