Querido diario:
Ya estamos a mediados de agosto y siento que todo se acaba poco a poco y eso me destruye por dentro. Ya no podré bañarme en la piscina por culpa de la pierna, el calor desaparece poco a poco, hoy Andrea debe marchar a Madrid ya y lo peor es que Carlos se irá en dos semanas y no podré verle nunca más y si no me doy prisa nunca sabrá que le amo.
A las nueve de la mañana hemos acudido Carlos y yo a casa de Andrea a despedirnos de ella, no puede aguantar más y rompí a llorar junto a ella y decidimos tomar nuestro último helado juntas en el parque. Ella se iba a las once a si que teníamos que aprovechar al máximo nuestras últimas dos horas juntas así que después del helado nos fuimos a la playa a pasear y jugar con la arena( aunque yo no puede jugar mucho la verdad) y por último nos fuimos a un pequeño bosque del pueblo en el que cada vez que alguien marcha o muere se escribe en una cinta su nombre y se cuelga en una de las ramas de los árboles para que tenga suerte para siempre.
Yo le regalé para que se acordara de mi un álbum llena de fotos de este verano con dedicatorias y una pulsera de la amistad.
Andrea, siempre estaré contigo.
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