Querido diario:
Hoy, cuando ya se le había pasado del todo la resaca a Carlos, tuvimos que hablar en serio:
-Carlos, eres un mentiroso, un infiel y un cerdo, nunca pensé que llegarías a ser así, y encima a tres semanas de nuestra boda.
-Sofía, necesito libertad.
-Yo te daría libertad, pero no besando a otra chica, en la vida te lo perdonaré- dije enfadada con lágrimas en los ojos.
-¡Cállate zorra!- me gritó en la cara.
-Vete de aquí no quiero verte más- y después de estas palabras salió con un portazo.
Estuve toda la mañana llorando, rompiendo fotos nuestras y tirando todas sus pertenencias y regalos que me hizo por la ventana. Todas mis amigas y Miralles intentaban consolarme, pero no podían, ellos no entienden el dolor por el que en este momento estoy pasando, el chico al que he amado y que me ha acabado traicionando.
Por la tarde me dijeron de salir de fiesta a conocer a chicos nuevos ya que vuelvo ha estar en el mercado, pero no estoy de ánimos, prefiero quedarme en casa.
A la noche, me llegó una llamada a mi antiguo móvil, era él; pasé de cogerlo porque me venían muchas cosas a la cabeza, y no era capaz, diez minutos después volvió a llamarme y esta vez si que lo cogí:
-¿Qué quieres? ¿Hacerme más daño?
-Sofía, si no estás conmigo no estarás con nadie más
-Cállate, no quiero escucharte más.- y colgué.
Me había amenazado, esto ya era el colmo, mi vida ya es una mierda, pero debo seguir adelante, aunque me cueste, pero tengo que hacerlo y ayudar más que nunca con la boda de Paula y Miralles.
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